jueves, 5 de noviembre de 2009

"La palabra" cuento inédito de Vladimir Nabokov


Barrido del valle de la noche por el genio de un viento onírico, me encontré al borde de un camino, bajo un cielo de oro puro y claro, en una tierra montañosa de extraordinaria naturaleza. Sin necesidad de mirar, sentía el brillo, los ángulos y las múltiples facetas de aquellos inmensos mosaicos que constituían las rocas, de los precipicios deslumbrantes, y el destello de innumerables lagos que me miraban como espejos en algún lugar abajo en el valle, tras de mí. Mi alma se vio embargada por un sentido de iridiscencia celestial, de libertad, de grandiosidad: supe que estaba en el Paraíso. Y sin embargo, dentro de esta mi alma terrenal, surgió un único pensamiento mortal como una llama que me traspasara -y con qué celo, con qué tristeza lo preservé del aura de aquella gigantesca belleza que me rodeaba-. Ese único pensamiento, esa llama desnuda de sufrimiento puro, no era sino el pensamiento de mi tierra mortal.
Descalzo y sin dinero, al borde de aquel camino de montaña, esperé a los amables y luminosos habitantes del cielo, mientras el viento, como la anticipación de un milagro, jugaba con mi pelo, llenaba las gargantas con un zumbido de cristal, y agitaba las sedas fabulosas de los árboles que florecían entre las rocas que bordeaban el camino. Largos filamentos de todo tipo de hierbas lamían los troncos de los árboles como si fueran lenguas de fuego; grandes flores se rompían abiertas en las ramas brillantes y, como copas volantes que rezumaran luz del sol, planeaban por el aire, exhalando en sus jadeos unos pétalos convexos y translúcidos. Su aroma dulce y húmedo me recordaba todas las cosas maravillosas que había experimentado a lo largo de mi vida.

De repente, cuando me encontraba cegado y sin aliento ante aquel resplandor, el camino se llenó de una tempestad de alas. Escapándose de las cegadoras profundidades llegaron en enjambre los ángeles que yo estaba esperando, con sus alas recogidas apuntando a las alturas. Se movían con pasos etéreos; eran como nubes de colores en movimiento, y sus rostros transparentes permanecían inmóviles a excepción de un leve temblor extasiado en sus pestañas radiantes. Unos pájaros turquesa volaban entre ellos con risas felices como de adolescentes, y unos animales color naranja deambulaban ágiles, en una fantasía de manchas negras. Las criaturas se enrollaban como ovillos en el aire, estirando sus piernas de satén en silencio para atrapar las flores volantes que circulaban y se elevaban, apretándose ante mí con ojos brillantes.

¡Alas! ¡Más alas! ¡Por todas partes, alas! ¿Cómo describir sus circunvoluciones y colores? Eran suaves y también poderosas ¿ leonadas, violetas, azul profundo, negro aterciopelado, con un polvillo arrebolado en las puntas redondeadas de las plumas curvas. Eran como nubes escarpadas fijas en la espalda luminosa de los ángeles, suspendidas en arrogante equilibrio; de tanto en tanto, un ángel, en una especie de trance maravilloso, como si le fuera imposible contener por más tiempo su felicidad, en un efímero segundo, abría sin previo aviso esa su belleza alada y era como un estallido de sol, como una burbuja de millones de ojos.

Pasaban en enjambres, mirando al cielo. Sus ojos eran simas jubilosas, y en sus miradas acerté a ver el vértigo del vuelo. Se acercaban con pasos deslizantes, bajo una lluvia de flores. Las flores derramaban su brillo húmedo en el vuelo; los esbeltos y elegantes animales jugaban, sin dejar de ascender en remolinos; los pájaros tañían de felicidad, remontando el vuelo para luego caer en picado. Y yo, un mendigo cegado y azogado, seguía parado al borde del camino, con un mismo y único pensamiento (...)
Versión publicada por Clarín

Publican relatos inéditos de Nabokov
Los incondicionales de Vladimir Nabokov están de enhorabuena con la publicación de una edición revisada de los cuentos completos del autor ruso que incluye dos textos inéditos en español: «La palabra» y «Natasha».
Editada por Alfaguara, la colección «Cuentos completos» se relanza ahora, además de con Nabokov, con otros dos grandes autores de la literatura universal, William Faulkner y Juan Carlos Onetti. Y se completará en los próximos meses con los relatos de Julio Cortázar, Scott Fitzgerald, Isak Dinesen y Paul Bowles, según informó Alfaguara en un comunicado.
Dimitri Nabokov, el hijo del escritor y traductor de sus relatos al inglés, conoció «La palabra» en 2005. El relato había sido publicado en 1923 en una revista del exilio ruso en Berlín. El relato «Natasha» data de 1924 y estaba consignado en los archivos de la biblioteca del Congreso en Washington.«Los relatos de Vladimir Nabokov (San Petersburgo, Rusia, 1899-Montreaux, Suiza, 1977) constituyen su obra más accesible. Ofrecen una gratificación inmediata al lector, independientemente de que éste se haya aventurado en la más compleja y procelosa escritura nabokoviana o en la historia personal del autor», destaca en la nota difundida por Alfaguara Dimitri Nabokov, quien este año accedió a la publicación de «El original de Laura», una novela inacabada del autor de «Lolita» (1955), su gran éxito.
El volumen «Cuentos reunidos» de Faulkner (New Albany, Estados Unidos, 1897-Oxford, EE.UU, 1962) contiene los relatos que el propio escritor estadounidense seleccionó en la edición que publicó en agosto de 1950, dos meses antes de recibir el Premio Nobel, y que fue galardonada un año después con el National Book Award.
En esta compilación, Faulkner ordenó los cuentos de tal manera que guardasen una armonía entre ellos y que se modulasen como una entidad propia, según la editorial.
El ejemplar sobre Onetti (1909, Montevideo -Madrid,1994), quien creó «un universo literario capaz de conmover y cautivar por su magia y también por su perplejo pesimismo», recoge sus cuentos completos.

No hay comentarios: