sábado, 12 de mayo de 2012

El amor de García Lorca en una carta





“En tu carta hay cosas que no debes, que no puedes pensar. Tú vales mucho y tienes que tener tu recompensa. Piensa en lo que puedas hacer y comunícamelo enseguida para ayudarte en lo que sea, pero obra con gran cautela. Estoy muy preocupado pero como te conozco sé que vencerás todas las dificultades porque te sobra energía, gracia y alegría, como decimos los flamencos, para parar un tren”. Sobre la cuartilla blanca, fechada el 18 de julio de 1936 en Granada, Federico García Lorca trataba de consolar a su enamorado Juan Ramírez de Lucas.

La pareja se encontraba llena de ilusiones y de proyectos. Lorca había decidido aceptar la invitación de Margarita Xirgu para viajar a México pero quería marcharse con el estudiante de 19 años, que soñaba con ser actor y que ya había hecho sus primeros pinitos en el Club Teatral Anfistora. La complicidad era mutua pero necesitaban la aprobación del padre del muchacho, un reputado médico albaceteño. El poeta había cumplido 38 años pero a su amante le faltaban dos para alcanzar la mayoría de edad. Podrían haberse fugado. Seguramente Lorca tenía los contactos necesarios para que pudieran salir de España con papeles falsificados pero se negó a hacerlo. Ramírez de Lucas debía convencer a su familia para marcharse juntos pero las cosas no estaban saliendo bien: “Yo pienso mucho en ti y esto lo sabes tú sin necesidad de decírtelo pero con silencio y entre líneas tú debes leer todo el cariño que te tengo y toda la ternura que almacena mi corazón”, prosigue el poeta.


Los tres folios, escritos a mano, con palabras subrayadas y alguna tachadura, llegaron a su destino cuatro días después, antes de que se cortaran las comunicaciones entre la zona republicana y la nacional. Ese mismo día se conocía el alzamiento franquista, la sublevación militar no tardaría en convertirse en guerra civil y empezaba el reinado del horror.

El valor documental de estos folios, junto con el poema, los dibujos y los cuadernos, en los que Ramírez de Lucas cuenta sus recuerdos sobre la relación de ambos, deberá ser determinado por los historiadores pero para eso hace falta que los herederos den el visto bueno a la publicación. Hermanos y sobrinos se debaten sobre qué hacer con los documentos, que ya han merecido el interés de un gran sello editorial. Para los partidarios de sacarlos a la luz se trata de una cuestión de tiempo pero otro sector de la familia se niega a utilizar el histórico material. La trascendencia de los documentos podría ser de enorme importancia, puesto que aportarían nuevos datos sobre los últimos días del poeta.

La resonancia internacional de lo publicado estos días por EL PAÍS, con una reproducción de un poema de amor inédito de Lorca dedicado a su novio, ha sido enorme, como casi todo lo que se relaciona con el poeta español más traducido de todos los tiempos. Desde Nueva York, Laura García Lorca ultima los detalles técnicos de una exposición sobre el poeta que se realizará en la Biblioteca Municipal, cuanta cómo ha sido requerida por algunos de los periódicos más prestigiosos para hablar del tema. Y lo mismo Ian Gibson. Ayer mismo, desde un tren camino de Córdoba, el biógrafo más conocido de Lorca destacaba la importancia de que afloren nuevos documentos y de que se remuevan las vías de investigación sobre el escritor. En su opinión, los documentos deberían publicarse cuanto antes para ser estudiados.

'Romance'


Aquel rubio de Albacete
vino, madre, y me miró.
¡No lo puedo mirar yo!
Aquel rubio de los trigos
hijo de la verde aurora,
alto, sólo y sin amigos
pisó mi calle a deshora.
La noche se tiñe y dora
de un delicado fulgor
¡No lo puedo mirar yo!
Aquel lindo de cintura
sentí galán sin...
sembró por mi noche obscura
su amarillo jazminero
tanto me quiere y le quiero
que mis ojos se llevó.
¡No lo puedo mirar yo!
Aquel joven de la Mancha
vino, madre, y me miró.
¡No lo puedo mirar yo!


Dado que se trata de una carta fechada el mismo 18 de julio de 1936, Gibson considera que podría tratarse de la última misiva del poeta de la que se tiene constancia, aunque sea difícil determinarlo al cien por cien. “Según mis datos, el pintor Pepe Caballero le escribe una carta a Lorca en esos días y se la devuelven diciendo que en esa dirección ya no vivía nadie”, añade. A sus 73 años, el escritor considera que su cabeza se encuentra repleta de nombres y de fechas pero le bastó escuchar los apellidos Ramírez de Lucas para situarse en el tiempo: “¿Vive todavía? Hice todo lo posible por entrevistarme con él pero fue imposible. Sabía que era fundamental su relación con Lorca pero no logré hablar con él y eso supuso una gran frustración. Cuando conseguí hablar con él me dijo que no quería verme, que él mismo preparaba su propia versión de los hechos, pero supongo que era una manera de quitarme de en medio”.

Tres cuartos de siglo después, Federico García Lorca sigue siendo noticia. Resulta casi un milagro que el histórico material haya sobrevivido a tantos avatares. Ramírez de Lucas, al que algunos han comparado en las fotos que se conservan de cuando era joven con el galán de cine Alan Ladd, guardó durante años los recuerdos que le unían a Lorca sobreponiéndose a todos los peligros que conllevaba haber tenido relaciones con un poeta tan estigmatizado por el franquismo. En la carta de tres folios quedaban las últimas palabras que le enviaba el poeta. A los pocos días de recibirla, Albacete quedaba bajo el mando republicano y Granada en poder de los nacionales, lo que agravó la situación de Lorca.

El poeta, tan famoso como carismático, se encontraba en la cumbre de su fama. Bodas de sangre se estaba traduciendo al francés y estaba a punto de publicarse Poeta en Nueva York. Margarita Xirgu lo había invitado a México pero en los planes de Lorca también se encontraba la idea de regresar en otoño a Madrid para estrenar Doña Rosita la soltera. Sin embargo, en el otro bando solo importaba su fama de rojo y de homosexual. La situación en Granada se volvía insostenible. Su cuñado, el alcalde socialista de la ciudad, Fernández Montesinos, fue arrestado el 20 de julio en el Ayuntamiento y fusilado el 16 de agosto, dos días antes del asesinato de su cuñado Lorca.

 Juan Ramírez de Lucas

Durante un registro en la Huerta de San Vicente, en busca de uno de los empleados de la familia, el padre del poeta fue golpeado brutalmente por números de la Guardia Civil. Ante el peligro evidente y la posibilidad de que el poeta fuera el siguiente, Lorca se esconde en casa de la familia Rosales, cuyos hijos, y en especial Luis, eran íntimos del autor de Yerma. El poeta no quiso que Luis Rosales y Pepinique Rosales lo pasasen en su propio coche al bando republicano, como habían hecho con otros amenazados. Fue detenido el 16 de agosto, tras ser denunciado por Ramón Luis Alonso, exdiputado de la CEDA, que odiaba tanto a Garcia Lorca como a la familia Rosales por no querer admitirlo en la Falange de Granada.

Queipo de Llano, gobernador militar de Andalucía Occidental, fue informado telefónicamente del arresto que se acababa de llevar a cabo. “¡Que le den café!” fue su respuesta. La madrugada del 18 de agosto era fusilado “por rojo y por maricón”. La noticia, pese a los rumores y las protestas internacionales que ocasionó, no se confirma hasta el 20 de septiembre, un mes y dos días después de su asesinato.

Como algunos españoles que no podían acreditar un pasado glorioso al lado del bando nacional, Ramírez de Lucas se alistó en la División Azul, donde fue herido grave en la batalla del río Lovat y condecorado posteriormente. Todavía se encuentra en Internet una de las cartas que mandó a su casa desde el frente ruso. Con la ayuda de Luis Rosales buscó trabajo en ABC. Se ganó la vida como periodista y crítico de arte y arquitectura, rehizo su vida sentimental con un compañero con el que compartió treinta años. Ni siquiera a él le contó nada sobre ese amor de juventud.

Mucho tiempo después, seguramente cuando la herida dejada por esa relación frustrada de manera tan dramática, Ramírez de Lucas comenzó a verter todos sus recuerdos en unos cuadernos, en los que cuenta la época que le tocó vivir, los momentos junto a Federico y sus ideas políticas. Todo ello podría ser de enorme valor para los historiadores. Hace dos años, poco antes de fallecer en un hospital madrileño, legó los documentos a una de sus hermanas. Su última voluntad fue que los documentos en su poder se conocieran.


domingo, 25 de marzo de 2012

Se nos fue Antonio Tabucchi

Tomado de El País


Muchos niños italianos se acercaron a los libros de la mano de Antonio Tabucchi, así que a Italia –y también a Portugal y a España— no solo se le acaba de morir un escritor en Lisboa, a los 68 años, de cáncer, sino también una relación sentimental con la literatura. El escritor italiano, nacido en Pisa el 23 de septiembre de 1943, era además de un autor de obras inolvidables –Sostiene Pereira (1994), Nocturno hindú (1984) o Requiem—, muchas cosas más. La más conocida internacionalmente era su labor como experto y traductor de Fernando Pessoa (1885-1935), pero en Italia también era notoria su actividad como apasionado de la política y brillante polemista. En los últimos años, su bestia negra –y la de Italia—era Silvio Berlusconi. Tabucchi ha muerto de un cáncer que lo venía persiguiendo desde hace tiempo.


Antonio Tabucchi -que tenía nacionalidad portuguesa desde 2004- estaba ingresado en el hospital lisboeta de La Cruz Roja y será enterrado el próximo jueves en la capital lusa, ha explicado su viuda, María José Lancastre, informa Efe. Fue colaborador del diario italiano Il Corriere della Sera, el francés Le Monde y EL PAÍS. Además su labor como literato, era profesor de Lengua y Literatura Portuguesas en la Universidad italiana de Siena. En su carrera ha ganado premios literarios como el Pen Club, el Campiello y el Viareggio-Répaci en Italia; el Médicis Etranger, el Européen de la Littérature o el Méditerranée en Francia y el Francisco Cerecedo, de periodismo, en España. Traducido a más de 40 lenguas, su último libro -de cuentos- fue Racconti con Figure, publicado en 2011. (En España se acababa de editar Viajes y otros viajes).

En un encuentro en Florencia en 1998, Tabucchi le confiaba al también escritor Manuel Rivas su desencuentro con la tecnología. "¿No se siente fuera de juego?", le preguntaba Rivas. A lo que el italiano respondía: "Bueno, ¿sabe usted?, el fuera de juego es una posición que me conviene. En el fondo, todos los escritores están un poco fuera de juego, y sobre todo están fuera de juego los que creen que ocupan el centro del campo…". Decía también en aquella entrevista que "la literatura es el Internet del alma". Tabucchi publicó su primera novela en 1975, Piazza d’Italia, pero el éxito absoluto le llegó en 1994 con Sostiene Pereira, que fue llevada al cine interpretada por Marcello Mastroianni. No serán pocos los que hoy irán a su biblioteca y abrirán con emoción el pequeño y tan grande libro amarillo de Anagrama: “Sostiene Pereira que le conoció un día de verano. Una magnífica jornada veraniega, soleada y aireada, y Lisboa resplandecía…".

sábado, 24 de marzo de 2012

"Aceite de perro" de Ambrose Bierce




Me llamo Boffer Bings. Nací de padres honestos en uno de los más humildes caminos de la vida: mi padre era fabricante de aceite de perro y mí madre poseía un pequeño estudio, a la sombra de la iglesia del pueblo, donde se ocupaba de los no deseados. En la infancia me inculcaron hábitos industriosos; no solamente ayudaba a mi padre a procurar perros para sus cubas, sino que con frecuencia era empleado por mi madre para eliminar los restos de su trabajo en el estudio. Para cumplir este deber necesitaba a veces toda mi natural inteligencia, porque todos los agentes de ley de los alrededores se oponían al

negocio de mi madre. No eran elegidos con el mandato de oposición, ni el asunto había sido debatido nunca políticamente: simplemente era así. La ocupación de mi padre -hacer aceite de perro- era naturalmente menos impopular, aunque los dueños de perros desaparecidos lo miraban a veces con sospechas que se reflejaban, hasta cierto punto, en mí. Mi padre tenía, como socios silenciosos, a dos de los médicos del pueblo, que rara vez escribían una receta sin agregar lo que les gustaba designar Lata de Óleo. Es realmente la medicina más valiosa que se conoce; pero la mayoría de las personas es reacia a realizar sacrificios personales para los que sufren, y era evidente que muchos de los perros más gordos del pueblo tenían prohibido jugar conmigo, hecho que afligió mi joven sensibilidad y en una ocasión estuvo a punto de hacer de mí un pirata.

A veces, al evocar aquellos días, no puedo sino lamentar que, al conducir indirectamente a mis queridos padres a su muerte, fui el autor de desgracias que afectaron profundamente mi futuro.
Una noche, al pasar por la fábrica de aceite de mi padre con el
cuerpo de un niño rumbo al estudio de mi madre, vi a un policía que parecía vigilar atentamente mis movimientos. Joven como era, yo había aprendido que los actos de un policía, cualquiera sea su carácter aparente, son provocados por los motivos más reprensibles, y lo eludí metiéndome en la aceitería por una puerta lateral casualmente entreabierta. Cerré en seguida y quedé a solas con mi muerto. Mi padre ya se había retirado. La única luz del lugar venía de la hornalla, que ardía con un rojo rico y profundo bajo uno de los calderos, arrojando rubicundos reflejos sobre las paredes. Dentro del caldero el aceite giraba todavía en indolente ebullición y empujaba ocasionalmente a la superficie un trozo de perro. Me senté a esperar que el policía se fuera, el cuerpo desnudo del niño en mis rodillas, y le acaricié tiernamente el pelo corto y sedoso. ¡Ah, qué guapo era! Ya a esa temprana edad me gustaban apasionadamente los niños, y mientras miraba al querubín, casi deseaba en mi corazón que la pequeña herida roja de su pecho -la obra de mi querida madre- no hubiese sido mortal.


Era mi costumbre arrojar los niños al río que la naturaleza había provisto sabiamente para ese fin, pero esa noche no me atreví a salir de la aceitería por temor al agente. "Después de todo", me dije, "no puede importar mucho que lo ponga en el caldero. Mi padre nunca distinguiría sus huesos de los de un cachorro, y las pocas muertes que pudiera causar el reemplazo de la incomparable Lata de Óleo por otra especie de aceite no tendrán mayor incidencia en una población que crece tan rápidamente". En resumen, di el primer paso en el crimen y atraje sobre mí indecibles penurias arrojando el niño al caldero.

Al día siguiente, un poco para mi sorpresa, mi padre, frotándose las manos con satisfacción, nos informó a mí y a mi madre que había obtenido un aceite de una calidad nunca vista por los médicos a quienes había llevado muestras. Agregó que no tenía conocimiento de cómo se había logrado ese resultado: los perros habían sido tratados en forma absolutamente usual, y eran de razas ordinarias. Consideré mi obligación explicarlo, y lo hice, aunque mi lengua se habría paralizado si hubiera previsto las consecuencias. Lamentando su antigua ignorancia sobre las ventaja de una fusión de sus industrias, mis padres tomaron de inmediato medidas para reparar el error. Mi madre trasladó su estudio a un ala del edificio de la fábrica y cesaron mis deberes en relación con sus negocios: ya no me necesitaban para eliminar los cuerpos de los pequeños superfluos, ni había por qué conducir perros a su destino: mi padre los desechó por completo, aunque conservaron un lugar destacado en el nombre del aceite. Tan bruscamente impulsado al ocio, se podría haber esperado naturalmente que me volviera ocioso y disoluto, pero no fue así. La sagrada influencia de mi querida madre siempre me protegió de las tentaciones que acechan a la juventud, y mi padre era diácono de la iglesia. ¡Ay, que personas tan estimables llegaran por mi culpa a tan desgraciado fin!

Al encontrar un doble provecho para su negocio, mi madre se dedicó a él con renovada asiduidad. No se limitó a suprimir a pedido niños inoportunos: salía a las calles y a los caminos a recoger niños más crecidos y hasta aquellos adultos que podía atraer a la aceitería. Mi padre, enamorado también de la calidad superior del producto, llenaba sus cubas con celo y diligencia. En pocas palabras, la conversión de sus vecinos en aceite de perro llegó a convertirse en la única pasión de sus vidas. Una ambición absorbente y arrolladora se apoderó de sus almas y reemplazó en parte la esperanza en el Cielo que también los inspiraba.

Tan emprendedores eran ahora, que se realizó una asamblea pública en la que se aprobaron resoluciones que los censuraban severamente. Su presidente manifestó que todo nuevo ataque contra la población sería enfrentado con espíritu hostil. Mis pobres padres salieron de la reunión desanimados, con el corazón destrozado y creo que no del todo cuerdos. De cualquier manera, consideré prudente no ir con ellos a la aceitería esa noche y me fui a dormir al establo.




A eso de la medianoche, algún impulso misterioso me hizo levantar y atisbar por una ventana de la habitación del horno, donde sabía que mi padre pasaba la noche. El fuego ardía tan vivamente como si se esperara una abundante cosecha para mañana. Uno de los enormes calderos burbujeaba lentamente, con un misterioso aire contenido, como tomándose su tiempo para dejar suelta toda su energía. Mi padre no estaba acostado: se había levantado en ropas de dormir y estaba haciendo un nudo en una fuerte soga. Por las miradas que echaba a la puerta del dormitorio de mi madre, deduje con sobrado acierto sus propósitos. Inmóvil y sin habla por el terror, nada pude hacer para evitar o advertir. De pronto se abrió la puerta del cuarto de mi madre, silenciosamente, y los dos, aparentemente sorprendidos, se enfrentaron. También ella estaba en ropas de noche, y tenía en la mano derecha la herramienta de su oficio, una aguja de hoja alargada.

Tampoco ella había sido capaz de negarse el último lucro que le permitían la poca amistosa actitud de los vecinos y mi ausencia. Por un instante se miraron con furia a los ojos y luego saltaron juntos con ira indescriptible. Luchaban alrededor de la habitación, maldiciendo el hombre, la mujer chillando, ambos peleando como demonios, ella para herirlo con la aguja, él para ahorcarla con sus grandes manos desnudas. No sé cuánto tiempo tuve la desgracia de observar ese desagradable ejemplo de infelicidad doméstica, pero por fin, después de un forcejeo particularmente vigoroso, los combatientes se separaron repentinamente.

El pecho de mi padre y el arma de mi madre mostraban pruebas de contacto. Por un momento se contemplaron con hostilidad, luego, mi pobre padre, malherido, sintiendo la mano de la muerte, avanzó, tomó a mi querida madre en los brazos desdeñando su resistencia, la arrastró junto al caldero hirviente, reunió todas sus últimas energías ¡y saltó adentro con ella! En un instante ambos desaparecieron, sumando su aceite al de la comisión de ciudadanos que había traído el día anterior la invitación para la asamblea pública.

Convencido de que estos infortunados acontecimientos me cerraban todas las vías hacia una carrera honorable en ese pueblo, me trasladé a la famosa ciudad de Otumwee, donde se han escrito estas memorias, con el corazón lleno de remordimiento por el acto de insensatez que provocó un desastre comercial tan terrible.

jueves, 2 de febrero de 2012

La partida de Wislawa Szymborska


Como reseña El País, los que se preguntan para qué sirve el premio Nobel encontraron una respuesta en octubre de 1996. Ese año el secretario de la Academia Sueca nombró a una poeta polaca cuyo apellido todavía estamos aprendiendo a pronunciar: Wislawa Szymborska.



La poeta falleció este miércoles 01 de febrero a los 88 años de edad en su casa de Cracovia. Los que suelen dudar del olfato de los académicos de Estocolmo tuvieron que darles la razón cuando leyeron a una autora cuya poesía está hecha de una mezcla de emoción e ironía, metafísica y cotidianidad: “Lee a Jaspers y revistas de mujeres", escribió en un poema. Un ejemplo: "Alma se tiene a veces. / Nadie la posee sin pausa / y para siempre. / Día tras día, / año tras año / pueden transcurrir sin ella. / A veces solo en el arrobo / y los miedos de la infancia / anida por más tiempo. / A veces nada más en el asombro / de haber envejecido”.

Wislawa Szymborska, un verdadero mito en Polonia, nació el 2 de julio de 1923 en Bnin (Kórnik), cerca de Poznan, pero la mayor parte de su vida transcurrió en Cracovia. Allí pasó sus últimos años, recluida en un piso sin lujo alguno y con aires de vivienda de protección oficial pero en el que nunca faltaban ni los bombones ni el brandy. En él recibía a sus amigos, a sus traductores y a periodistas a los que preguntaba ella para evitar tener que ponerse demasiado seria.

A continuación uno de sus textos:

Discurso en el depósito de objetos perdidos


Perdí algunas diosas en el camino de sur a norte,
y también muchos dioses en el camino de este a oeste.
Se me apagaron para siempre un par de estrellas, ábrete cielo.
Se me hundió en el mar una isla, otra.
Ni siquiera sé exactamente dónde dejé las garras,
quién trae mi piel, quién vive en mi concha.
Mis hermanos murieron cuando me arrastré a la orilla
y sólo algún huesito celebra en mí ese aniversario.
Salté de mi pellejo, perdí vértebras y piernas,
me alejé de mis sentidos muchísimas veces.
Desde hace mucho cerré mi tercer ojo ante todo esto,
me despedí de todo con la aleta, me encogí de ramas.

Se esfumó, se perdió, se dispersó a los cuatro vientos.
Yo misma me sorprendo de mí misma, de lo poco que quedó
de mí:
un individuo aislado, del género humano por ahora,
que sólo perdió su paraguas ayer en el tranvía.

jueves, 26 de enero de 2012

El paso eterno de Gustavo Díaz Solís

...La muerte del narrador y ensayista abrió un tajo en las letras venezolanas


Por Carmen Rosa Gómez
La muerte siempre, por su naturaleza terrible y determinante, pone las cosas en blanco y negro. La ausencia de Gustavo Díaz Solís, que este lunes abrió un tajo en las letras venezolanas, cumple con esa máxima sin matices posibles.

En Crótalo escribió sobre su personaje "tendría que luchar, y quizá moriría. Fervorosamente comenzó a prepararse para ambas cosas", y a sus más de 90 años luchó contra las dolencias que lo habían asaltado recientemente aunque ellas terminaron por silenciarlo.

Este autor, que nació en Güiria en 1920, formó parte de un grupo de jóvenes que asumió los tiempos de cambio del país en su literatura. La universalización de lo nacional que logró desarrollar en sus relatos con un trabajo metódico, como lo describen quienes le conocieron en el oficio, hicieron que Díaz Solís construyera una voz narrativa propia y poderosa.

Narrador, traductor, abogado, maestro y ensayista, Gustavo Díaz Solís latió al ritmo de un gran florecimiento de la cuentística nacional entre los años 40 y 60, y dejó una extensa marca en el camino de los futuros escritores con apenas una veintena de relatos en su haber. Fue creador de obras como Marejada, Llueve sobre el mar, Cuentos de dos tiempos, Detrás del muro está el campo, y Arco secreto y muchos otros cuentos.

El escritor venezolano José Balza, en el prólogo de Cuentos escogidos (2004), ha escrito acerca de Gustavo Díaz Solís: "Cualquier aproximación a este hombre debe comenzar necesariamente por ubicar su sensibilidad verbal: Un lenguaje oral discreto, nítido, anuncia la imagen de otra correspondencia la de su escritura. Porque esa misma concisión oral adquiere un matiz turbador cuando se vuelve textura en su cuento". Una textura que se cubrió de poesía en buena parte de sus relatos.

Su labor de traductor literario es elogiada por muchos por su pulcritud. En este campo destaca, por mencionar apenas un ejemplo, el trabajo que hizo con Cuatro cuartetos del poeta, dramaturgo y crítico T.S. Eliot.

Además de ser Premio Nacional de Literatura (en el año 1995), ocupó diversos cargos en entes públicos y empresas del sector petrolero, en el Instituto Pedagógico de Caracas, en la Universidad Central de Venezuela, el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg) y la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello.

Como ocurre con casi todos los escritores que crecen cerca del mar, la obra de Gustavo Díaz Solís estuvo marcada por un ir y venir, oleadas cambiantes, mezcla de fuerzas, de tiempos, de tonos. Su reciente muerte es una de esas trombas marinas que se apresuran y sorprenden, de las que revuelven las aguas y arrastran a la orilla la trascendencia de su literatura para que el país no permita nunca que se pierda su legado.

lunes, 23 de enero de 2012

Julio Cortázar en cinco cartas

...La correspondencia, abundante por demás, que Julio Cortázar regó entre amigos y conocidos, sigue siendo una forma de mantenernos cerca del cronopio mayor.


A Aurora Bernárdez
París, viernes 3 de abril de 1965
Topotita Itaíta: Vos, ahí. Yo esperando, ahí. A las cuatro y media por expreso, ahí. Pero me alegré mucho con tu carta, que respira sol romano (y trabajo en la FAO, pobrecita).
No lo niego: vos me invitaste y yo no fui. Pero si supieras cómo me estoy quitando trabajo de encima, cómo pongo al día mi correo, cómo paseo por París que está maravilloso, y cómo voy a conciertos, cines y teatros, comprenderás que hice muy mal en no irme con vos porque corro el peligro de perder ocho kilos. Es increíble (hablo en serio) la cantidad de cosas que tengo que hacer antes de que nos vayamos. Lo de Harss quedó interrumpido, y me lo reclaman de Buenos Aires; comprenderás que tengo para cuatro o cinco días de trabajo. Los líos editoriales me llevan horas hasta dejarlos más o menos encaminados, y como se traducirán, espero, en dólares, creo que vale la pena. Para tu regocijo especial sigo recibiendo reviews de los USA, todas favorables hasta ahora menos una de un tal Orville Prescott, en el New York Times, donde hace polvo la novela, y la declara a pretentious bore (1) . Yo creo que puede ser un bore , pero que no es pretentious .
Sigo dándome corte y contándote todo lo que hago: fui a Sceaux, una mañana maravillosa, y encontré la rue des Mesanges, y en ella a Henri Chopin, y naturalmente Chopin era un cronopio enormísimo que me vendió en seguida los discos para Paul y para mí. Ya lo escucharás, tiene cosas increíbles. Se lo pasé a Perkins (2) , para arrancarlo a un ataque de tristeza provocada por la 56788574756647477 agarrada a patadas con su mujer, y le hizo mucho bien. Sus maniobras inmobiliarias son muy complicadas, pero parece que finalmente comprará un dep. en Mallorca. Por qué, para qué, cómo y a costa de qué, son cosas que hay que oírselas decir para creérselas. Ya está seguro de que tendrá que quedarse en la Unesco... 5 años más. El pobre está hecho polvo, su mujer también, y los chicos parece que han sentido esta vez de cerca la verdadera situación.
What a mess .
Fui a Domaine musical , que estuvo muy bueno, y me encontré con Hubert y Anette Damisch. Me invitaron a cenar el miércoles. Te lo digo porque será absolutamente necesario hacerlos venir a casa en esos 10 días en que estemos todavía aquí.
Sigo con mis rattrapages culturales. Comprendí que estaba quedando muy mal con Margot, le telefoneé, me la encontré en la galería. Te imaginás cómo estaba de contenta. Me llevó a su casa y me hizo una tortilla de queso riquísima, y luego yo me rajé al cine porque quería ver Le bonheur (3) . Después de verla pensé que Agnes Varda a fait plutot un malheur (4) . Pero habría que pensarlo y discutirlo. Hay cosas muy extrañas en esa película; o la vieja está piantada o hay momentos en que nos toma el pelo.
La casa me da mucho trabajo, porque hago lo posible para que no derive del chiche al quilombo, pero hay que ver lo que cuesta. Lavo ropa, lavo vajilla, tengo provisiones impresionantes, podría resistir el asedio de Pilleboue, la condottiera Voisin y Madame Prince (5) durante varias semanas. Sólo madame Walch, probablemente, me vencería con su voz de urraca maléfica.
Vi a Depreux que les manda cariños a las dos. Contesté como correspondía una carta de tu amiguita, desplegando una vez más mis conocimientos de italiano. Llegó esta mañana carta de Rosario: esta loca no dice ni una palabra de la cama. Le contesté que avise en seguida, puesto que tenemos que pensar en ese problema. Rosario me avisa que el carpintero termina la entrega, y que hay que garpar. Ya lo hice por mandat, y de paso les fleté el dinero de ellos, para no tener que hacer otro el 15. Aldito vino ayer a la tarde a buscar el suyo, y me mangó 100 más, que le di, qué iba a hacer. Parece que se va a armar el lío del auto, cosa que nos costará 800 francos o algo asá; Aldo hace lo que puede por parar el asunto. Me dijo que los padres (y él) están dispuestos a quedarse en la ruina (la de Saignon, se entiende), y que con medio millón la volverían perfectamente habitable. Speriamo bene.
Te copio: “La casa está en este momento exactamente como si hubiéramos sufrido un bombardeo. La cocina sin piso, con dos agujeros, uno enorme, la veranda sin techo, todo lleno de escombros. Los albañiles están trabajando rápidamente por todos lados; Aldo levantó el piso de la cocina para que hagan la losa. La parte nueva ya tiene el techo casi listo”. ¿Estás contenta, honguito pelusiento? Escribime pronto, y decile a Italo que estoy conmovido de que relea con tanto cuidado la traducción de mis cuentos. ¡Riego las plantas! Te extraño mucho, bicho feo, y ojalá el 20 sea mañana y vos llegues y yo te dé tantos besitos, Woof Woof (1) Un plomo pretencioso.
(2) Eduardo Jonquières.
(3) La felicidad.
(4) Había hecho sobre todo una desdicha.
(5) Vecinos.

* * * * *
A Victoria Ocampo
Saignon, 23 de junio de 1965
Mi querida Victoria: Creo que ya en alguna otra carta le pedí perdón por escribirle a máquina. Sé que no está bien, y sin embargo reincido, porque escribir a mano me resulta cada vez más penoso. En todo caso, estoy mucho más presente cuando escribo así, a toda velocidad y tachando de cuando en cuando algún comienzo de frase en el que la máquina se toma libertades excesivas.
También tengo que pedirle disculpas por el involuntario retardo de mi respuesta, pero ya verá usted por el encabezamiento que no estoy en París. Nos hemos venido a Saignon, un pueblecito de 200 habitantes, en plena Vaucluse (a unos veinte kilómetros de la fuente donde Petrarca vio por primera vez a Laura), donde encontramos un bastidon que se convertirá en nuestro refugio una vez que hayamos terminado de pintarlo y de ponerle cortinas de paja. Tenemos un jardín que es como un balcón sobre los valles del Luberon. Muy cerca esta Gordes, Bonnieux, y casi al lado la torre del castillo del marqués de Sade, en Lacoste (donde, como dice la guía Michelin, se deroulaient les sataniques orgies ). Ya ve que no hemos elegido mal para citarnos con el sol, el tomillo y la lavanda.
Todo esto es para explicarle que nuestra portera de París, que es un personaje extraordinario, quedó con instrucciones de remitirme cada quince días la correspondencia acumulada. ¿Por qué los quince días se convierten en veinticinco? La noción del tiempo de madame Boivin es inescrutable, y a ello se debe que su carta haya llegado ayer por la tarde. Dándome –y esto es lo primero que hubiera debido decirle– una muy grande alegría. Antes de ver su nombre en el dorso del sobre, ya había reconocido su letra, en especial las t y la fmayúscula. (Debe ser una deformación profesional, pero suelo recordar mejor la letra que la cara o la voz de muchos amigos lejanos; o quizá es una forma de consuelo, puesto que a lo largo de los años las cartas tienden a reemplazar cada vez más la relación directa, tan azarosa entre la Argentina y Europa.) Espero que ya esté perfectamente restablecida. Si la operaron en enero y todavía sigue sintiéndose dolorida, me doy cuenta de que no se trataba de algo banal. Si yo fuera tan egoísta como me creo a veces, debería alegrarme de que sus insomnios le hicieron conocer mis cuentos, pero debo tener alguna generosidad, puesto que lamento las circunstancias que la acercaron a mis Armas secretas . Es curioso que yo, cuando estoy enfermo, me vuelvo resueltamente hacia los novelones del siglo XIX. En un hospital, hace diez años, releí casi todo Dickens; en una clínica, otra vez, llene un montón de lagunas balzacianas. Lo del “opio de Occidente”, después de todo, es más literal de lo que uno piensa; yo estoy muy contento de que mis relatos la hayan distraído, arrancándola por un rato a sus dolores. Y estoy todavía más contento de que hayan sido Las armas secretas, porque en ese tomo están los cuentos míos que todavía prefiero.
¿Cuando viene a visitarnos a París? Alguien me había dicho que asistiría al coloquio del Columbianum en Génova, y aunque yo no voy nunca a reuniones de escritores (no sirvo para discutir ni para criticar), esperé que después viniese a Francia y pudiéramos vernos. Más tarde supe por otros amigos que usted no había ido a Génova.
En este momento mismo entra el cantonnier (1) de Saignon para anunciarme que han matado a Ben Bella. No es una noticia confirmada, pero no me sorprendería que fuese cierta. Cuánta sangre, cuánto odio. Pasada cierta edad, uno tiende a algodonarse cómodamente en cosas como las que comento en esta carta: los mensajes de los amigos lejanos, la lavanda, el sol... Y entonces, precisamente entonces, la fría realidad. Pero en todo caso ese toque de atención servirá como siempre para que cada uno de nosotros siga haciendo lo que cree que debe hacer.
Gracias, Victoria, por su carta tan cariñosa y tan suya. Aurora la recuerda con su afecto de siempre, y yo la abrazo muy fuerte,
Julio Cortázar
(1) Peón

* * * * *
A Francisco Porrúa
Saignon, 22 de mayo de 1967
Mi querido Paco: Hasta hace poco el silencio tenía un solo nombre en español, ése. Ahora se llama Porrúa, existe un silencio Porrúa, yo vivo desde hace un mes envuelto en una gran masa de silencio Porrúa. In the stillness of the night, the Porrúa stillness roams about like a big rhinoceros creeping near the verandah. In fact it is the first rhinoceros which has been noticed to creep , but yours does (1) . Y así pasa el tiempo y en el vasto agujero del espacio hay otro agujero más ominoso y perceptible que es el silencio Porrúa, y para decirte toda la verdad esta vida no puede seguir.
Vano es que Sara y Alicia (con esos nombres que deberían conmoverte por muchas razones) me digan en sus cartas que “Paco te escribe en seguida para... etc.”, vano es que Monsieur Galourdin, el cartero de Saignon, me ponga en los brazos diariamente entre medio kilo y tres arrobas de cartas y paquetes. Me basta mirar el abigarrado montón de mi fan-mail y las facturas a pagar para darme cuenta de que siempre hay un agujero cuadrado entre tantos colores, el silencio Porrúa con su estampilla de viento. Y yo vuelvo melancólico a la construcción de un objeto lleno de espejos, cubos de madera y caracoles que estoy fabricando para olvidarme un poco de la literatura, o estudio la escala de si bemol mayor en mi trompeta, para asombro de los numerosos escarabajos que circulan por el living de esta casa nacida para actividades más apacibles. ¿Vos realmente podrías explicarme qué carajo pasa? Pero tomaré la delantera, te aplastaré con la arrolladora fuerza de mi generosidad, te escribiré una larga carta llena de consultas, dándote trabajo, obligándote a pedir expedientes y archivos, a dictar telegramas, a consultar asesores, te privaré de tu cafecito de las diez y media y de tu cinzano con bitter de las once y veinticinco. La verdad es que se han juntado bastantes cosas de las que te tengo que hablar, y si sigo esperando tu carta, oh mallarmeano urdidor de ausencias, me olvidaré de las cosas más importantes. Hasta hace unos días pensé, inquieto, que tu salud no andaría bien, pero Sara y Alicia me escriben que estuvieron contigo en el lanzamiento (si así se llama) de un libro de Silvina Bullrich, y comprendí que no llevarías la locura al extremo de ir a una cosa así estando enfermo, de lo cual me resultó consolador deducir que estabas perfectamente bien y que si no escribías era porque hotras hocupaciones harto himportantes te habsorbían. Como Aurora, por ejemplo, que a veces se olvida de hacer el almuerzo porque está cuidando una mata de no sé qué flores absurdas que se le han enfermado (el otro día compró un veneno para caracoles, esta Lady Macbeth of Saignon par Apt, y al otro día había tantos caracoles muertos que pasé un mal rato, yo que amo esos animalitos apacibles).
Pero no seamos currutacos y dejémonos de cucamonas, como diría Guillermo de Torre, y aquí van los diversos business pending: (…) Basta de negocios y hablemos del viento mistral que está soplando esta mañana en Saignon y que agita los cerezos de tal manera que no va a ser necesario subir con una escalera a recoger la fruta. Llevamos aquí 20 días, y ya me siento mejor de la inquietante crisis de fatiga con que me despedí de París. He puesto bastante al día mi correo, pude por fin leer tres libros seguidos, cosa que no me ocurría desde hacía meses, y el vinito rosé y los asados al aire libre harán el resto. Leí El doble , de Dostoievski, que siempre se me había escapado, Señas de identidad de Juan Goytisolo, que es su mejor libro dentro de la sencillez del conjunto, y ahora me estoy divirtiendo mucho con Tres tristes tigres de Guillermo Cabrera Infante, que trata del ambiente habanero que conocí bastante a fondo en enero y febrero. Pero leo sobre todo poesía, toneladas de poesía en todos los idiomas, y de noche le doy media hora, antes de dormir, al librito de Stephen Potter sobre el sentido del humor en la Isla. No me parece demasiado bueno, pero hay citas excelentes. En la trompeta he conseguido llegar al sol natural sobreagudo sin que vuelen por el aire pedazos de pulmón. El libro mexicano está parado, porque no nos llegan las últimas galeradas y Silva me manda unas puteadas epistolares que me divierten mucho. Lo que hicimos juntos en París salió muy divertido, y dejará bastante consternados a los señores que exigen seriedad en las letras. La mucha seriedad que hay en el libro no la verán, naturalmente. Sara y Alicia me regalaron unas excelentes fotos de patios y de ómnibus porteños para el libro.
¿VOS CUANDO VENIS CON SARA? Tu viaje es lo que más me preocupa, lo único que me preocupa en un momento en que preocuparse por lo que ocurre en el mundo (¿leíste las declaraciones de McNamara sobre China?) parece casi un pleonasmo. Mirá, es absolutamente necesario tener dos o tres semanas para por fin hablar de verdad. Si podés arreglar para septiembre va a ser perfecto, pero avisame pronto porque realmente estoy inquieto y preocupado por este asunto. Los Blackburn también vienen a Europa (hace 6 años que no los veo) pero rápidamente les dije que no se aparezcan hasta noviembre; no quiero interferencias. Yo con Sara quiero hablar mano a mano, y con vos mano a mano, y se acabó, qué joder.
Sur ces paroles, como dicen en París, te ruego renuncies a tu empecinado rinoceronte y mandes unas líneas, digamos dos páginas.
Abrazos de Aurora que los quiere tanto, y otro abrazo de Julio (1) En el silencio de la noche, el silencio de Porrúa vaga como un gran rinoceronte que se desliza cerca de la veranda. En realidad es la primera noticia que se tiene de un rinoceronte que se desliza , pero el tuyo lo hace.

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A Juan Carlos Onetti
Saignon, 30 de julio de 1978
Querido Juan Carlos: Me hizo gracia que te despidieras en tu carta deseándome que no me mortifique demasiado el calor. Figurate que es precisamente lo contrario, porque después de los inviernos de Paris, un argentino como yo necesita sol y calor en cantidades inagotables, y este mes de julio me los ha dado con una generosidad que yo no esperaba después de una primavera más bien desvaída y estúpida. Por lo cual estoy más negro que Nicolás Guillén, me paso el día desnudo en mi rancho, y trabajo en lo mío con unas ganas que hace mucho no sentía. Tengo también razones más vitales y profundas para sentirme bien. Después de un largo y penoso proceso, Ugné y yo nos separamos; la cosa fue dura, puesto que habíamos vivido juntos más de ocho años, pero ya no tenía sentido pasar de la verdad a la comedia y pretender que seguía siendo la verdad. Yo estoy viviendo con una chica que conocí en Montreal el año pasado, que me da una inmensa ternura y una paz que me hacía falta hasta un punto que sólo alcanzo a comprender ahora. Como ves, vivo un verano total; me alegra poder decírselo a un amigo como vos.
Desde luego acepto con alegría (e muito obrigado!) a la invitación de colaborar en laEstafeta Literaria . Tengo un cuento inédito (1) , de unas ocho páginas, que me gusta bastante, y si ustedes lo quieren, pues de acuerdo. En cuanto a la remuneración, si en vez de 300 me pagaran 400 dólares, me parecería bastante justo, pero si no se puede, decímelo vos mismo y yo estaré de acuerdo.
Prefiero esperar tus noticias, y si todo va bien, te envío en seguida el cuento o se lo mando a Rosales (2) , como ustedes prefieran.
Ojalá me toque dar un salto a Madrid, para cumplir mi deseo de ir a verte a tu casa, cosa que no pudo ser la última vez (en Madrid siempre tengo problemas jodidos, y se me arman unos líos que desequilibran todos mis planes, pero no será así la próxima vez).
Hasta siempre, gracias por la invitación, saludos a Luis Rosales y para vos un gran abrazo de Julio Cortázar OJO! Mi dirección privada no es segura; ya me rompieron dos veces el buzón, y no por razones literarias (mi querida embajada y la CIA lo saben, hijos de puta). Entonces, lo seguro es escribirme a mi nombre, y: B.P. 33 75022 PARIS CEDEX 01 FRANCIA De ahí me reexpiden las cartas a cualquier lado.
(1) “Queremos tanto a Glenda”, publicado en Nueva Estafeta , N° 1, Madrid, diciembre de 1978.
(2) Luis Rosales, poeta español, director de La Estafeta Literaria y de Nueva Estafeta .

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A Ofelia Cortázar
Saignon, 3 de agosto de 1978
Querida Ofelia: Recibí tu carta, y te agradezco que me hayas informado en detalle del estado de salud de mamá. No es que me tome demasiado de sorpresa, puesto que la edad es la edad, pero confío en que el tratamiento que le hace el doctor Romeo dé buenos resultados y mamá pueda vivir de una manera normal y sin verse privada de cosas que le gustan, como la lectura o la televisión. Por mi parte, todo lo que has leído en los diarios es un tejido de macanas a cuál más completa. Te las resumo para que por lo menos en ese plano te quedes tranquila. Primero: no es cierto que me divorcié de Ugné, por la simple razón de que nunca nos habíamos casado. Simplemente acabamos de separarnos porque ya no había entre nosotros los sentimientos que nos habían unido hace años. La segunda mentira se refiere a mi salud; he tenido una neumonía bastante seria, que me trataron perfectamente, y a los quince días estaba curado; eso de la “depresión” es un invento del periodista, pero no me sorprende porque en realidad lo que ese periodista y muchos quisieran es que yo estuviera verdaderamente deprimido, cosa que no tengo la menor intención de hacer. Quedate entonces tranquila, pues mi salud es excelente. Y justamente en mi última carta a mamá (esa que según vos le produjo una crisis de rabia, cosa que no entiendo) le conté de mi separación y de que estoy viviendo con una chica con la que me siento muy bien y muy feliz. De modo que como ves, el balance es positivo y favorable, y no hay ninguna razón para que te inquietes.
Todo el resto de tu larga carta no puedo ni siquiera comentarlo. Cada uno tiene sus razones, y vos tenés las tuyas para juzgar como juzgás (muy cruelmente, te lo digo con toda franqueza) mi actitud con respecto al país. Lo que me asombra es que no te des cuenta de una cosa, y es que por más que yo lo quisiera (y vaya si lo quisiera) es absolutamente imposible que por el momento yo desembarque en mi país. Te digo de paso que cometes un lamentable error cuando hacés referencia a mi ciudadanía francesa, pues no la tengo (me la negaron dos veces), pero deberías saber que los argentinos y los franceses tienen el principio de la doble nacionalidad, es decir que el hecho de tomar la ciudadanía francesa no te quita la de argentino, y viceversa. Te lo digo porque me duele que también vos caigas en esa grosera calumnia que tantas veces me han tirado a la cara los verdaderos enemigos de la Argentina. En cuanto a todo lo que me decís sobre tus impresiones sobre la situación en el país, es perfectamente tu derecho y no haré el menor comentario. Algun día, quizá, llegues a saber lo que verdaderamente significa que yo no pueda escribirte sobre eso; por ahora seguí contenta con todo lo que te rodea, pues saberte feliz y satisfecha me da, como te imaginás, una gran alegría por vos.
Me alegro de que hayas recibido el dinero que te envié. También a propósito de eso, algunos comentarios que dejás caer sobre lo que en el fondo considerás un egoísmo de mi parte, o sea no estar con ustedes, deberías reflexionar un poco sobre lo que ha podido representar para mí en estos años comprar ese departamento para ustedes dos, y ayudarlas en lo que puedo cada vez que siento que necesitan dinero. No pretendo ningún mérito especial por eso, pero es la única (metete eso en la cabeza, por favor) la única manera de estar cerca de ustedes. No tengo otra, puesto que te repito que no puedo ir personalmente. Entonces, por lo menos pensá que tus reflexiones no me parecen demasiado acertadas. En fin, nada de esto tiene importancia. Espero que mamá siga bien, vos también, y que pronto reciba noticias favorables de ella o de vos. Te agradeceré mucho que no dejen pasar demasiado tiempo sin mandar por lo menos dos líneas.
Hasta siempre, con un abrazo de tu hermano que te quiere, Julio