martes, 10 de febrero de 2009

Mensajes en la tumba de Borges


La cineasta rumana Ana Simon recoge hace 20 años los testimonios y objetos que la gente deja en el cementerio de los reyes, de Ginebra.

Lunes 9 de febrero de 2009

Por Susana Reinoso LA NACION

La tumba de Jorge Luis Borges en el cementerio de los reyes de Plainpalais, en Ginebra – convertida en una meca de lectores de todo el mundo–, es testigo mudo de la admiración y el cariño que el más universal de los argentinos sigue despertando, a 22 años de su desaparición.

Ana Simon, crítica y documentalista rumana residente en Ginebra, advirtió hace más de dos décadas, cuando visitaba el sepulcro de su esposo, el actor suizo Francois Simon –justo al lado de la tumba número 735, cuya lápida identifica la última morada Borges–, una enorme cantidad de mensajes, como los que la gente deja a los santos. O a los ídolos de rock.

Ana, que conoció la obra de Borges cuando estudiaba letras en la Universidad de Bucarest, asumió como una liturgia, mes tras mes, la recolección de los objetos y los textos de los visitantes, que luego enviaba a María Kodama en Buenos Aires.

La realizadora residente en Ginebra compartió esta historia con la periodista argentina Cristina Pérez, durante la visita que la conductora de Telefé hizo a la tumba de Borges, Y, esta semana desde Barcelona, Ana Simon –que elige Historia universal de la infamia, como "el libro perfecto" de Borges– hizo lo propio en diálogo con LA NACION. En casa del artista y poeta Paco Ibañez y su esposa, Ana supera la muerte de Aurora Ginastera, viuda del músico argentino Alberto Ginastera, fallecida hace 10 días en Ginebra.

Los testimonios a los que accedió LA NACION trasuntan ternura y gratitud. Aunque parezca broma, hay quienes escriben en el reverso de sus papelitos, sus correos electrónicos. En boletos de metro o de tren, en páginas de libros u hojitas de anotadores de hoteles cinco estrellas, en postales de letra apretada, con frases tímidas o haikus, los testimonios conmueven y sorprenden. Hasta algún indígena latinoamericano reclamó ante la sepultura del escritor.

"Comencé a guardar los papelitos porque me parecía importante. La gente le deja mensajes como si fuera un santo", reflexiona Ana. Así recogió el testimonio de Aurora, la sobrina de Estela Canto [primera esposa de Borges, a quien le dedicó El Aleph ]: "Querido Borges, estuve aquí para visitarte. Soy la que agradece tus poemas, tus cuentos. Te he llevado hasta muchos que no te conocían, en español y en inglés...Nos vemos en El Aleph o en algún otro sueño".

En alemán, en inglés, en chino o en español, la gente dice cosas así:

"Borges, vine a visitarte con todos mis muertos a cuestas. Porque como tú dijiste, no sólo somos uno, sino también el otro, los otros...Te saludo, maestro. Miguel Aillón". "Señor Borges: lo busqué, me costó, pero lo volví a encontrar. Lo volvería a hacer. Mario Olivera". [En inglés] "Querido Borges: tu sabiduría hace al mundo mucho más interesante. Gracias de un amigo. Mi esposa y yo vinimos de China a visitarte. Yang". [En alemán] "Hola Borges, hoy hoy he pensado en ti, mientras te leía en mi alemán. Muchos saludos. En unos días vuelvo a Ginebra con mejor conocimiento de alemán". "Ché: sólo una cosa tengo que reclamarte, el que hayas pugnado por nuestra desaparición como cultura, como pueblos originarios indígenas. Más aún, siendo indígena zapoteco, ante tu tumba derramo lágrimas en tu memoria. Estamos en paz". "Lejos un trino, el ruiseñor no sabe que te consuela. El mundo será Tlon. Gracias maestro. Cristina". "Aquí estamos entonces, en tu Ginebra, en castellano. Aquí estamos sobre La Pampa, en argentino, en carne viva. Nuestra desmesura y tu quietud". "La patria es ahora todas las palabras, todos los árboles que me dieron su sombra, todos los libros que he leído para mi bien...cuánta razón tenía, maestro. Luciana".

Los argentinos que llegan al cementerio de los reyes –donde metafóricamente Borges dialoga entre otros con Calvino, Sofía Dostoievski, Alberto y Aurora Ginastera, Jean Piaget y su vecino, Francois Simon–, prefieren no dejarle flores, sino plantas que perduren en el tiempo.

Un periodista argentino fue uno de ellos.

Ana cuenta que ha encontrado sobre la tumba de Borges, pinturas, libros y otros objetos que la gente deja como recuerdo: "Cuando le pongo una vela a mi marido, dejo otra a Borges. Al leer los testimonios de la gente, me doy cuenta que vienen de mundos diversos. Lo que lo ocurre en su tumba, pasa también con Calvino. Creo que él fue feliz en Ginebra. Es un orgullo para los pueblos tener escritores y artistas de su dimensión".

Ana realizó, para el centenario del nacimiento del escritor, La Ginebra de Borges, una cálida biografía íntima, con testimonios de Borges y Kodama, mientras la vieille ville (ciudad vieja) favorita del autor de Ficciones abre su esplendor, bajo el embrujo de la voz en off de la actriz francesa Jeanne Moreau, que lee con hondura poemas de Borges. Kodama cuenta en el filme que, pocos días antes de morir, Borges recibió la visita de Marguerite Yourcenar. Juntos se sumergieron en una brillante charla sobre el laberinto. "Pronto sabré quién soy" dice el verso final de Elogio de la sombra. Como escribió el poeta Horacio Salas, tal vez lo supo el 14 de junio de 1986, a las 7.47 de la mañana, cuando murió en el 28 de la Gran Rue, en Ginebra. Con esa nostalgia inevitable de Buenos Aires, en la memoria.

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